¿Qué pasa cuando una mujer decide imaginar a las mujeres de una forma diferente?
En 1960, la artista británica Leonora Carrington pintó El árbol de la vida, una obra llena de figuras humanas, animales y elementos fantásticos.
La pintura está relacionada con algunos de los temas que estuvieron presentes a lo largo de su trabajo: la magia, la alquimia, la mitología y distintas tradiciones espirituales.
Pero hablar de Carrington solamente como una artista surrealista sería dejar fuera una parte importante de su historia.
Nacida en Inglaterra en 1917, llegó a México en 1942, después de escapar de la Europa de la Segunda Guerra Mundial.
En nuestro país encontró un lugar donde desarrolló gran parte de su obra y construyó un universo artístico propio.
Y hay algo particularmente interesante en la manera en que representó a las mujeres.
En una época en la que era común que la figura femenina apareciera en el arte como musa, objeto de deseo o desde una mirada principalmente masculina, Carrington decidió representarla de otra manera.
Sus personajes femeninos podían ser misteriosos, poderosos, mágicos, extraños o formar parte de mundos fantásticos.
No estaban ahí solamente para ser observados: eran protagonistas.
Eso también hizo que su obra cuestionara las ideas que existían sobre lo que una mujer debía ser y cómo debía ser representada.
Por eso, mirar El árbol de la vida no es solamente acercarnos a una pintura surrealista.
También es acercarnos a una mujer que, desde el arte, construyó sus propias reglas y se negó a limitar la imaginación femenina
