Todos conocemos al lobo con piel de oveja: astuto, sigiloso, se camufla para lograr su objetivo. Pero hay lobos con aspiraciones “creativas” que, en lugar de oveja, se disfrazan de tigre. No engañan a nadie… pero eso sí, hacen reír.
Algo parecido ocurrió en la UACJ, donde alguien, seguramente después de una epifanía bajo el sol del desierto, decidió que la mejor hora para una carrera era… ¡las cuatro de la tarde!
Sí, justo cuando el calor está en su punto, el pavimento arde y las sombras se extinguen. Un horario perfecto… para una carne asada, no para correr.
La historia —y el sentido común de cualquier corredor— dicen que las carreras son en la mañana. Y las nocturnas, bueno, esas tienen luces, música y un poco de glamour. Pero a media tarde, lo único que hay es sudor, insolación y ganas de arrepentirse de haberse inscrito.
Y por si fuera poco, la “innovación” vino acompañada de una logística que parecía planeada en servilleta de cafetería: tiempos mal calculados, organización caótica y corredores que no sabían si estaban en una competencia… o en un experimento social.
Mal y de malas.
En serio: si esto es innovar, mejor que apaguen la lámpara de las ideas y se vayan a leer un manual de “Cosas que no se hacen a las 4 de la tarde”. Innovar está bien, pero no hace falta reinventar el sol.