No es una novedad, ni un suceso aislado el avance y el dominio de la derecha, no solo en México, América latina, estados unidos o todo el mundo, las ideologías de derecha, los valores que conlleva son comprensibles, incluso es esperable que un grueso de la población se sienta más identificado con los mismos, incluso dentro de los procesos democráticos y dialecticos, las contradicciones son necesarias para generar un avance, sin embargo el dominio de la ideología sobre el individuo no genera simpatizantes si no fanáticos.
Definamos entonces a la ideología como una organización de actitudes y valores que llevan a que los individuos formen pensamientos concretos sobre otros individuos y la sociedad, es común que los individuos se dejen dominar por la ideología (sea cual sea por la que se sienten afines) lo que termina por permitir que estos sean seducidos por otros sistemas ideológicos.
La mente conservadora aborda la realidad a través del etnocentrismo, mirando con su lupa de superioridad a todo, la cual es independiente de la posición económica o política del observador, es entonces cuando deberíamos buscar una respuesta materialista y no ideológica al origen de esta postura. Por un lado nos encontramos con los sistemas de crianza y la moral cristiana que domina a occidente y como esto se trasmite generación tras generación a modo de mandato más a allá de valores, en esto último encontramos otra probable respuesta y es una incapacidad de ir en contra de las enseñanzas de los padres (mismos que fueron enseñados por sus progenitores sin una aparente explicacion) llegando a un punto donde se desconoce realmente el origen del pensamiento, pero como mandato, se vuelve imposible revelarse ante el mismo.
Todo esto es lo que Horkheimer describe como razón subjetiva aquella que no se apega a una realidad material, si no a lo emocional e ideológico. Por último una óptica utilitaria de la vida o peor donde todo lo que no o los que no cuadren con su ideología, se vuelven sus enemigos.
Hoy por hoy, quien se asocia con los ideales de derecha corre el peligro de borrar su identidad, de tomar como máxima su ideología y terminar condonando acciones que sobrepasan a la derecha y la acercan al fascismo, poner ejemplos sería un ejercicio más morboso que de demostración, basta con decir que justificar, negar o adaptar a narrativas irreales acciones cuestionables de la clase política o sus allegados no es favorable para ningún sector de la población y es un patrón observado en regímenes totalitarios y no en democracias.