Eli Barona
La tragedia de la muerte es para los que asisten al funeral, pues aquel que yace en el féretro es cuestionable si se entera de lo sucedido o no. Los funerales son los rituales humanos más complicados, pues en ellos nos reunimos en sociedad y nos vemos en la necesidad de celebrar la vida de alguien que ya no va a vivir.
Los rituales, para Bataille, son interacciones ligadas al placer (al Eros), pero ¿qué goce o disfrute existe en despedir a alguien que no podrás ver nunca más? Por lo tanto, también entra lo desagradable (Thanatos).
Eros y Thanatos danzan en un ritual que celebra la vida y es una despedida.Las causas que, por lo general, reúnen a los humanos en un funeral son la enfermedad, el envejecimiento, la violencia y los accidentes.
Nada de esto es agradable; algunos son prevenibles, pero todo es posible: es la narrativa de la vida. Los funerales no son gratificantes, pero son una despedida necesaria, son un consuelo. Y un consuelo no es una solución, pero sí un alivio.
Para el difunto, la muerte (sin importar la causa) es irrelevante, incluso desde una teología, pues este descansa, es libre o simplemente deja de existir. Pero ¿qué consuelo, qué descanso puede haber cuando los que nos quedamos no tenemos el consuelo de un ritual funerario completo, más cuando este es arrancado o interrumpido por la necesidad de ahorrar en procesos cuyo resultado es la acumulación de bienes?Eso lleva a la enfermedad, y así todo vuelve a empezar.