El 5 de abril de 2025 ocurrió una tragedia en el llamado Festival Axe: una plataforma elevadora colapsó junto a uno de los escenarios, provocando la muerte de dos personas —Berenice Giles Rivera y Miguel Ángel Rojas Hernández— y dejando una marca imborrable en la memoria colectiva. Aquello no fue un accidente inevitable: fue la consecuencia directa de decisiones negligentes, de omisiones y de una peligrosa improvisación.
Hoy, apenas meses después, pareciera que las autoridades universitarias no supieron del caso.
En la carrera de aniversario, se utilizó una plataforma elevadora en exteriores, como parte de una “innovadora” puesta en escena. Bastaría con leer el manual del equipo para notar el enorme aviso que lleva impreso:
“USO EXCLUSIVO EN INTERIORES”.
Aun así, alguien tomó la decisión de subir al rector a la plataforma, a cielo abierto, rodeado de estudiantes, en un espacio que dependía de un equipo diseñado para otro entorno. No se trata de una simple imprudencia: es una cadena de irresponsabilidades.
¿Qué pasa en la UACJ?
¿Quién autorizó esa maniobra?
¿Dónde estaba Protección Civil?
¿Dónde las brigadas de seguridad universitaria?
¿Quién verificó el protocolo de seguridad, si es que existió alguno?
En una institución de educación superior, que forma profesionistas y presume valores, no hay lugar para las ocurrencias disfrazadas de innovación. Los escenarios universitarios no son parques de diversiones. Cada decisión que involucra a cientos de estudiantes debe tener como prioridad absoluta la seguridad.
Basta de improvisaciones. Basta de espectáculos mal planeados. Basta de pensar que “no pasa nada”.
Sí pasa. Ya pasó. Y costó vidas.
Si las autoridades universitarias no son capaces de aprender de la historia para no repetirla, al menos deberían tener la mínima responsabilidad de seguir un manual técnico y respetar la ley.
La seguridad no es opcional, es obligatoria.
