MISMA PELÍCULA, DIFERENTE PAÍS

La responsabilidad del cambio de gobierno ya sea mediante un proceso democrático o una revolución (sea cual sea su presentación) es y era una obligación del pueblo venezolano, la intervención militar lejos de ser un acto de solidaridad no es más que un acto imperialista y una demostración que busca mantener la hegemonía ideológica que tanto ha caracterizado a los gobiernos norteamericanos desde mediados del siglo XX.


Tengamos memoria histórica, analicemos todos los procesos donde la intervención militar de cualquier país trajera algún beneficio real para el país intervenido, veamos todos los ejemplos y desafortunadamente el campeón de estas intervenciones son nuestros vecinos del norte.

Maestros en la balcanización de naciones, con el objetivo de tomar recursos y todo en nombre de algo que debería de ser una garantía humana universal, la libertad. Interesados solo en dictaduras de naciones con recursos deseados, quitando toda ética y moral de su discurso liberador, pues la óptica con la que hoy intervienen en Venezuela seria entonces aplicable para Israel, china, rusia y para ellos mismos.

Dicho lo anterior, no existe polo o eje que se anteponga a las depravaciones del capital, el imperialismo está a priori en el lenguaje de las potencias mundiales

La maquinaria cultural ha vuelto a la milicia estadounidense la policía del mundo, tiene años que atreves de películas, series y videojuegos han vuelto un problema domestico (propio de estados unidos y de diversos países de Latinoamérica) una amenaza a nivel global aunado al constante discurso político de la clase gobernante actual, hemos llegado a una narrativa donde la única solución es la fuerza, cuando ellos internamente jamás han abordado el problema.


Venezuela sin maduro, pero el pueblo norteamericano seguirá con su problema de drogas, Venezuela “libre” pero solo la clase gobernante estadounidense se verá beneficiada, Venezuela ocupada y probablemente mañana o pasado seamos nosotros los mexicanos.