SEMBLANZA DE JORGE BELTRÁN : EL OFICIO QUE NACIÓ EN EL ACCIDENTE Y FLORECIÓ EN LA DEDICACIÓN

A sus 29 años, Jorge Beltrán se ha consolidado como una de las jóvenes promesas de la coctelería en Ciudad Juárez. Actualmente es jefe de barra en Primitivo Cóctel Bar y suma ocho años de experiencia en un oficio al que llegó sin buscarlo, pero al que hoy pertenece con plena convicción.

Su historia comienza con un giro inesperado. Tras terminar la preparatoria, no tenía un rumbo definido hasta que, por casualidad, comenzó a trabajar en un restaurante bar. Aquella primera barra lo recibió sin técnica ni conocimientos, pero con una curiosidad que pronto se convertiría en vocación. “Mis principios fueron devastadores”, recuerda Jorge. Entre errores, cócteles devueltos y aprendizajes improvisados, comenzó a descubrir que detrás de cada receta había un universo complejo y fascinante.

La pandemia marcó una pausa obligada, pero también un nuevo comienzo. Cambió de lugar de trabajo y ahí conoció a Óscar Olvera, quien se convertiría en su mentor y en una figura determinante para su crecimiento profesional. Con él tomó sus primeras clases formales, desarrolló creatividad y aprendió a ver la coctelería como un campo de expresión personal. Hoy, además de continuar trabajando a su lado, estudia un diplomado para sommelier que le permite ampliar su visión sobre el mundo de las bebidas.

En lo personal, Jorge enfrenta una historia marcada por la resiliencia. Desde hace cinco años, tras las pérdidas de su madre y su hermana durante la pandemia, su familia se ha reducido a él y su padre. Esa relación cercana se refleja en uno de sus recuerdos más significativos: su papá acompañándolo a su primera competencia en Chihuahua, y luego a todas las rondas de la segunda en Ciudad Juárez. Aunque no pudo estar presente en la competencia más reciente, fuera de la ciudad, permaneció atento a cada avance.

“Siempre está pendiente”, dice Jorge con gratitud.

Los inicios dejaron anécdotas que hoy recuerda con humor y cariño: la primera vez que tuvo que preparar una limonada mineral sin saber cómo, o aquella margarita fallida que la esposa del patrón detestó, pero que más tarde se convirtió en una de sus favoritas. Episodios que, lejos de desanimarlo, lo impulsaron a mejorar.

Su faceta competitiva nació del deseo de vivir nuevas experiencias. En su primera participación quedó fuera rápidamente, pero eso no apagó su entusiasmo. La energía del público, la temática de lucha libre y la camaradería entre bartenders lo motivaron a seguir. Incluso adoptó un nombre de luchador: El Borrego Malo.

Con el tiempo, competir en otras ciudades le abrió el panorama sobre lo que ocurre en diferentes barras del país y, sobre todo, le permitió crear lazos con colegas de distintas regiones.

Orgulloso de su origen, Jorge considera que cada salida representa una oportunidad para mostrar el verdadero rostro del juarense.

“Fuera del estado nos ven como un lugar peligroso, pero siempre trato de dar una buena cara. El juarense es cálido, es a toda madre”.

Esa filosofía se ha reforzado en Primitivo, donde practica lo que llaman hospitalidad radical: un enfoque centrado en la conexión auténtica con el cliente, en reconocer su presencia, su día y su necesidad de tener un buen momento.

En cuanto a su estilo detrás de la barra, Jorge se inclina por los cócteles dulces pero equilibrados. Evita los sabores excesivamente fuertes y disfruta crear versiones accesibles de clásicos que originalmente no le gustan. Su Negroni de fresas con crema nació precisamente de ese reto personal: diseñar un negroni que él mismo pediría.

Para Jorge, el respeto por el oficio es indispensable. “No está chido ser atendido por un bartender borracho”, afirma con firmeza.

Considera que la dignidad del trabajo se construye todos los días, desde la actitud hasta el compromiso. También insiste en que la coctelería es más que fiesta y dinero: es disciplina, curiosidad y constante aprendizaje.

“Siempre hay algo que aprender”, dice, recordando que antes de crear coctelería de autor es fundamental dominar los clásicos.

Su visión sobre la ciudad es optimista. Cree que Juárez está comenzando a abrirse a la coctelería y que existe una generación de bartenders con hambre de aprender, innovar y crear propuestas que representen al norte del país. Él mismo aspira a convertirse en un exponente de la región, llevar su trabajo a un nivel que sea reconocido como sello de calidad y, eventualmente, competir en finales fuera de México.

Jorge Beltrán no llegó a la barra por destino ni por plan. Llegó por azar, por necesidad y por una vacante disponible. Pero permaneció por pasión, por disciplina y por descubrir en la coctelería un lugar donde crecer, conectar y crear. Su historia es testimonio de que incluso los comienzos más accidentales pueden transformarse, con trabajo y corazón, en un camino de excelencia.