¿UNIVERSIDAD O PROMOTORA DE ESPECTÁCULOS?

La noticia de que la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) destinará —o mejor dicho, gestionará con la iniciativa privada, gobierno y egresados— 26 millones de pesos para un concierto masivo debería provocar indignación en toda la comunidad universitaria. No se trata de un afán moralista, sino de una cuestión de prioridades: la misión de una institución pública no es organizar espectáculos multitudinarios, sino formar estudiantes, fomentar la cultura y fortalecer la investigación.

Cultura vs. espectáculo

Si bien el arte y la cultura son parte esencial de la vida universitaria, hay que trazar una línea clara: un concierto masivo con un cantante de moda no es cultura universitaria. Presentarlo como “promoción cultural” es insultante para quienes creen en el verdadero espíritu académico, pues no aporta a la escena artística, ni a la formación de los jóvenes, ni al prestigio institucional.

Mientras tanto, el Centro Cultural Universitario sobrevive con equipo obsoleto, maquinaria teatral desgastada y auditorios que requieren modernización. Con una fracción del dinero destinado al concierto, podrían renovarse talleres, laboratorios y espacios de creación, fortaleciendo la vida cultural real de la universidad.

La obsesión por los aniversarios

Convertir el aniversario universitario en pretexto para un megaconcierto refleja superficialidad institucional. Una universidad no se mide por los años que cumple, sino por la pertinencia de sus programas, la calidad de sus espacios y la atención a las necesidades de su comunidad.

Lo que realmente piden los estudiantes

Los jóvenes no exigen boletos para un show, sino mejores instalaciones, transporte digno, aulas equipadas y laboratorios funcionales. Al priorizar un evento efímero sobre estas necesidades, la universidad pierde credibilidad y traiciona su misión.

Una traición a lo universitario

El problema no es la música ni los conciertos, sino la falta de visión. Una universidad que olvida su razón de ser para rendirse a la lógica del espectáculo se traiciona a sí misma y a sus estudiantes. La cultura universitaria exige inversión seria y proyectos de largo aliento, no espejismos caros disfrazados de cultura.